Atención Por Favor.

Ante todo nos dirigimos y agradecemos a todos por la ayuda que nos dan con este blog ya sean seguidores, oyentes del programa de radio y por sobre todo a todos aquellos propietarios de webs, blogs, libros y todos los lugares donde han obtenidos la información y nos han acercado a nuestro mail para que podamos publicarlas en este humilde blog, para que todas las semanas desde hace ya 7 años podamos compartir en dos emisiones las tantas historias, enigmas y misterios del universo que se van pasando de generación en generación y así reflejar esas viejas leyendas, historias, enigmas y misterios que de niños oímos mas de una vez y que nos asustaban en algunos casos como también en otras nos enseñaban a valorar y respetar esas narraciones.

Desde ya les agradezco a todos y pido disculpas si no se agrega la fuente por que muchos correos no la poseen y para no cometer errores no se agrega pero en este pequeño equipo estamos muy agradecidos para con todos. Muchísimas Gracias a todos en general por su valiosa información y por su cordial atención.

Equipo Infinito.

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lunes, 11 de mayo de 2015

Descenso De Innanna Al Inframundo

Inanna, la reina del cielo y de la tierra decidió un día bajar al inframundo. Siendo consciente del peligro que implica dicha empresa, incluso para una diosa tan poderosa como ella, lo prepara todo bien antes de partir. Dejó instrucciones muy precisas a su visir Ninshubur sobre que hacer si al cabo de tres días desde su partida, ella no regresaba. Además se atavió con sus insignias reales y sus amuletos mágicos; los "siete me":

- El shugurra, una corona de estepa.
- El collar de cuentas de lapislázuli.
- La vestidura real.
- El ungüento de ojos "Que venga él, que venga él".
- El pectoral "Ven hombre, ven".
- El aro de oro.
- La vara y la cuerda de medir de lapislázuli.

A las puertas del inframundo, Inanna pide ser recibida por su hermana Ereshkigal, con la excusa de organizar el funeral de su cuñado. Cuando el vigilante de la puerta hace saber a la reina del inframundo esta petición, ésta monta en cólera y ordena que se cierren las siete puertas con llave y que se deje pasar a Inanna con la condición de que antes de pasar cada puerta debe desprenderse de una de las siete insignias.

De esta forma, Inanna se presenta delante de su hermana desnuda e indefensa, y con sus intentos desesperados de apoderarse del trono no consigue más que los jueces del inframundo dicten su condena a muerte y acuerden que su cuerpo sea colgado de un gancho sujeto a la pared.

Cuando se cumplió en plazo de espera e Inanna no había regresado, Ninshubur decidió actuar. Realizó lamentaciones y apeló a otros dioses para que ayudaran a la reina del cielo y la tierra. Tanto Enlil como Nannar se niegan alegando que ha sido la ambición de la diosa la que la ha llevado a la situación en la que se encontraba.

Solo Enki se apiada de ella y decide ayudarla. De la mugre de sus uñas crea dos seres (sus nombres reflejan los de oficiantes de cultos o travestidos relacionados con los rituales de Inanna). Estos seres consiguen ser recibidos por Ereshkigal fingiendo sentir conmiseración por sus sufrimientos.

Adulada, Ereshkigal decidió ofrecer una recompensa y éstos, instruidos por Enki, piden el cuerpo de Inanna, el cual rociaron con el Agua de la Vida que les otorgó el dios. sin embargo, los jueces del inframundo exigieron que ella aportara a alguien que la supliera. Una hueste de demonios la acompañó en su camino de regreso, y al salir a la tierra, detienen a Ninshubur. Inanna se negó e impidió que ningún dios que hubiera guardado duelo por ella fuera apresado.


Pero al ver a su esposo Dumuzi ataviado con esplendorosos ropajes y sentado sobre un gran trono de oro, lo señala encolerizada y lo entregó a los demonios para que la supliera en el inframundo. Al final, la hermana de éste, se apiadó de él y decidieron que cada uno pasaría medio año en el inframundo y el otro medio en la tierra.

Sedna

Sedna era una muchacha que al llegar a la edad casadera, había rechazado a todos sus pretendientes. Para castigarla, su padre la casó con un perro y la envió a vivir a una isla cercana. Un día, cuando su marido-perro se hallaba fuera de la casa, arribó en la isla un barco a bordo del cual viajaba un apuesto joven. Éste la llamó y seduciéndola con palabras llenas de promesas y tesoros, consiguió que la muchacha subiera al barco y se escapara con él.

Tras un largo viaje, llegaron a las tierras del joven y tras contraer matrimonio, Sedna descubrió quién era en realidad su nuevo marido; un petrel, un ave marina, con la capacidad de adoptar forma humana. Sedna, asustada, quiso escapar.

Resultado de imagen de petrelEntretanto, el padre de Sedna, había emprendido la búsqueda de su hija, desesperado. Al fin, llegó a las tierras del petrel y encontró a su hija, a la que escondió detrás de unas rocas y esperó a que su marido se fuera de casa en busca de pesca. cuando éste hubo abandonado su morada, Sedna y su padre huyeron.

Sin embargo, el petrel llegó a tiempo para ver como ambos huían y comenzó una persecución, en la que además provocó una gran tormenta que hacía peligrar la embarcación. Ante esta situación, el padre de Sedna arrojó a su hija por la borda.

Sedna, agarrada al costado del barco, suplicó a su padre que la salvara, mientras la violencia de la tormenta iba en aumento. Su padre no solo no la ayudó a salvarse sino que fue cortando uno a uno los dedos de su hija, que según caían al mar, iban convirtiéndose en focas, ballenas y narvales. Antes de que Sedna cayera al mar, su padre le arrancó un ojo. La muchacha descendió al mundo inferior del fondo del mar, convirtiéndose en dueña y señora de todos aquellos mamíferos marinos que habían sido sus dedos. 

Por lo general, Sedna suele ser generosa con los seres humanos y cuidadosa con los animales marinos, pero en ocasiones, cuando los cazadores causan daño al alma de los animales, ella los retiene, provocando escasez de caza para los humanos. Cuando se dan estas situaciones, un chamán debe viajar a la morada de Sedna y rogarle que suelte a los animales.

A veces, los mamíferos marinos se quedan prendidos en la cabellera de Sedna, enredada debido a la violación de los tabúes por parte de los humanos y ante esta situación, el chamán debe viajar hasta las profundidades del mar para peinar a Sedna, puesto que ella no tiene dedos, y así liberar a los animales que servirán de alimento de los humanos.

El milagro de la multiplicación del arroz de Olivenza

Todo sucedió un frío 23 de enero de 1949. El hambre y la pobreza de la posguerra está presente en toda España y, sobre todo, en las provincias más rurales donde miles de personas subsisten gracias a los comedores benéficos regentados por religiosas. Entre estos lugares está la Institución Benéfica de San José, en Olivenza, pequeño pueblo de la provincia de Extremadura. 

En la institución pacense  hay muchas niñas hospedadas y al mediodía, los más pobres de los alrededores acuden hasta allí con la intención de llevar algo caliente hasta sus estómagos.


Leandra Rebollo, la cocinera del hospedaje, no está hoy de buen humor. Las donaciones a la institución en los últimos días han sido prácticamente inexistentes y se encuentra ante la tristeza de tan solo tener tres tazas de arroz (750 grs) para verter en la enorme olla. Hoy los pobres no comerán y para las niñas internas, apenas llegará para engañar sus estómagos.

sábado, 9 de mayo de 2015

La Piel Del Venado

Los mayas cuentan que hubo una época en la cual la piel del venado era distinta a como hoy la conocemos. En ese tiempo, tenía un color muy claro, por eso el venado podía verse con mucha facilidad desde cualquier parte del monte. Gracias a ello, era presa fácil para los cazadores, quienes apreciaban mucho el sabor de su carne y la resistencia de su piel, que usaban en la construcción de escudos para los guerreros. Por esas razones, el venado era muy perseguido y estuvo a punto de desaparecer de El Mayab.

Pero un día, un pequeño venado bebía agua cuando escuchó voces extrañas; al voltear vio que era un grupo de cazadores que disparaban sus flechas contra él. Muy asustado, el cervatillo corrió tan veloz como se lo permitían sus patas, pero sus perseguidores casi lo atrapaban. Justo cuando una flecha iba a herirlo, resbaló y cayó dentro de una cueva oculta por matorrales.

En esta cueva vivían tres genios buenos, quienes escucharon al venado quejarse, ya que se había lastimado una pata al caer. Compadecidos por el sufrimiento del animal, los genios aliviaron sus heridas y le permitieron esconderse unos días. El cervatillo estaba muy agradecido y no se cansaba de lamer las manos de sus protectores, así que los genios le tomaron cariño.

En unos días, el animal sanó y ya podía irse de la cueva. Se despidió de los tres genios, pero antes de que se fuera, uno de ellos le dijo:

?¡Espera! No te vayas aún; queremos concederte un don, pídenos lo que más desees.

El cervatillo lo pensó un rato y después les dijo con seriedad:

?Lo que más deseo es que los venados estemos protegidos de los hombres, ¿ustedes pueden ayudarme?

?Claro que sí ?aseguraron los genios. Luego, lo acompañaron fuera de la cueva. Entonces uno de los genios tomó un poco de tierra y la echó sobre la piel del venado, al mismo tiempo que otro de ellos le pidió al sol que sus rayos cambiaran de color al animal. Poco a poco, la piel del cervatillo dejó de ser clara y se llenó de manchas, hasta que tuvo el mismo tono que la tierra que cubre el suelo de El Mayab. En ese momento, el tercer genio dijo:

?A partir de hoy, la piel de los venados tendrá el color de nuestra tierra y con ella será confundida. Así los venados se ocultarán de los cazadores, pero si un día están en peligro, podrán entrar a lo más profundo de las cuevas, allí nadie los encontrará.


El cervatillo agradeció a los genios el favor que le hicieron y corrió a darles la noticia a sus compañeros. Desde ese día, la piel del venado representa a El Mayab: su color es el de la tierra y las manchas que la cubren son como la entrada de las cuevas. Todavía hoy, los venados sienten gratitud hacia los genios, pues por el don que les dieron muchos de ellos lograron escapar de los cazadores y todavía habitan la tierra de los mayas.

Leyenda De Los Temblores

Por estas tierras se cuenta que, hace mucho tiempo, hubo una serpiente de colores, brillante y larga.

Era de cascabel y para avanzar arrastraba su cuerpo como una víbora cualquiera. Pero tenía algo que la hacía distinta a las demás: una cola de manantial, una cola de agua transparente.

Sssh sssh… la serpiente avanzaba. Sssh sssh… la serpiente de colores recorría la tierra. Sssh sssh… la serpiente parecía un arcoiris juguetón, cuando sonaba su cola de maraca. Sssh sssh…

Dicen los abuelos que donde quiera que pasaba dejaba algún bien, alguna alegría sobre la tierra.

Sssh sssh… ahí iba por montes y llanos, mojando todo lo que hallaba a su paso. Sssh sssh… ahí iba por montes y llanos, dándoles de beber a los plantíos, a los árboles y a las flores silvestres. Sssh sssh… ahí iba por el mundo, mojando todo, regando todo, dándole de beber a todo lo que encontraba a su paso.

Hubo un día en el que los hombres pelearon por primera vez. Y la serpiente desapareció. Entonces hubo sequía en la tierra.

Hubo otro día en el que los hombres dejaron de pelear. Y la serpiente volvió a aparecer. Se acabó la sequía, volvió a florecer todo. Del corazón de la tierra salieron frutos y del corazón de los hombres brotaron cantos.

Pero todavía hubo otro día en el que los hombres armaron una discusión grande, que terminó en pelea. Esa pelea duró años y años. Fue entonces cuando la serpiente desapareció para siempre.

Cuenta la leyenda que no desapareció, sino que se fue a vivir al fondo de la tierra y que ahí sigue. Pero, de vez en cuando, sale y se asoma. Al mover su cuerpo sacude la tierra, abre grietas y asoma la cabeza. Como ve que los hombres siguen en su pelea, sssh… ella se va. Sssh sssh… ella regresa al fondo de la tierra. Sssh sssh… ella hace temblar… ella desaparece.

La Mujer Xtabay

Los mayas de Yucatán son sin duda alguna, quienes mejor han conservado su idioma. Si no pueden interpretar, como tampoco lo ha hecho nadie en el mundo, sus complicados jeroglíficos, verdaderos retos ideográficos, si mantienen vivo su idioma lleno de firos y genuflexiones extraordinarios y en su fonética han sabido copiar el vuelo del murciélago dzib y lo que dice el pájaro Puhuy. Temen al temible Kahazbal y a los Aluxes, pequeños duendecillos del bosque y de las siembras, porque ellos, los mayas, no han permitido aún la corrupción idiomática que introdujeron los hispanos que vinieron a hacer confuso todo lo relativo al suelo que en mal día hollaron.

De esta forma se ha conservado intacta la hermosa leyenda, una de las más lindas, bellas leyendas yucatecas de las miles y miles que flotan como el perfume de la flor Xtabentún en el viento tibio de Mayab, o se esconden en las profundidades cavernosas de los cenotes de donde sale el agua fresca y clara y los cuentos que perduran en el alma yucateca. Esa leyenda es la que se refiere a la mujer Xtabay.

Bajo la luna del antiguo Mayapan, al socaire de los asombrosos templos de los itzaes, he oído repetida esta leyenda sin que nadie le quite o le aumente a su albedrío, sin que ninguno ose deformarla y así, como joya de milagrería se conserva para deleite de quien oye o de quien lee esta historia que como muchas no se ha borrado, no se borrará jamás, porque ha quedado inscrita en los libros antiguos y en las páginas sagradas del recuerdo Maya.

Dice pues la leyenda que la mujer tabay es la mujer hermosa, inmensamente bella que suele agradar al viajero que por las noches se aventura en los caminos del Mayab. Sentada al pie de la más frondosa ceiba del bosque, lo atraé con cánticos, con frases dulces de amor, lo seduce, lo embruja y cruelmente lo destruye.

Los cuerpos destrozados de esos incautos enamorados aparecen al día siguiente con las más horribles huellas de rasguños, de mordidas y con el pecho abierto por uñas como garras.

Muchos ladinos, gentes que desconocen el origen verdadero de la mujer Xtabay, han dicho que es hija del Ceibam que nace de sus torcidas y serpentinas raíces pero eso no es verdad, la auténtica tradición maya dice que la mujer Xtabay nace de una planta espinosa, punzadora y mala y si es que la Xtabay aparece junto a las ceibas, es porque este árbol es sagrado para los hijos de la tierra del faisán y del venado y muchas veces en cobijo y sombra, se acogen bajo sus ramas, confiados en la protección de tan bello y útil árbol.

Vivían en un cierto pueblo de la península yucateca dos mujeres siendo el nombre de una de ellas Xkeban o mejor decir su apodo ya que Xkeban quiere decir prostituta, mujer mala o dada al amor ilícito. Decían que la Xkeban estaba enferma de amor y de pasión y que todo su afán era prodigar su cuerpo y su belleza que eran prodigiosos, a cuanto mancebo se lo solicitaba. Su verdadero nombre era Xtabay.

Muy cerca de la casa que ocupaba esta bellísima mujer, habitaba en otra casa bien hecha, limpia y arreglada continuamente, la consentida del pueblo que llamaban Utz-Colel, que en la traducción hispana sería mujer buena, mujer decente y limpia. Erase esta mujer la Utz-Colel, virtuosa y recta, honesta a carta cabal y jamás había cometido ningun dezlis ni el mínimo pecado amoroso.

La Xtabay tenía un corazón tan grande, como su belleza y su bondad la hacía socorrer a los humildes, amparar al necesitado, curar al enfermo y recoger a los animales que abandonaban por inútiles. Su grandeza de alma la llevaba hasta poblados lejanos a donde llegaba para auxiliar al enfermo y se despojaba de las joyas que le daban sus enamorados y hasta de sus finas vestiduras para cubrir la desnudez de los desheredados.

Jamás levantaba la cabeza en son altivo, nunca murmuró ni criticó a nadie y con absoluta humildad soportaba los insultos y humillaciones de las gentes.

En cambio bajo las ropas de la Ut-Colel se dibujaba la piel dañina de las serpientes, era fría, orgullosa, dura de corazón y nunca jamás socorría al enfermo y sentía repugnancia por el pobre.

Y ocurrió que un día las gentes odiosas del pueblo no vieron salir de su casa a la Xkeban y supusieron que andaba por los pueblos ofreciendo su cuerpo y sus pasiones indignas. Se contentaron de poder descansar de su ignominiosa presencia, pero transcurrieron días y más días y de pronto por todo el pueblo se esparció un fino aroma de flores, un perfume delicado y exquisito que lo invadía todo. Nadie se explicaba de dónde emanaba tan precioso aroma y así, buscando, fueron a dar a la casa de la Xteban a la que hallaron muerta, abandonada, sola.

Más lo extraordinario era que si la Xkeban no estaba acompañada de personas, varios animales cuidaban de su cuerpo del que brotaba aquel perfume que envolvía al pueblo.

Entrada la Utz-Colel dijo que esa era una vil mentira, ya que de un cuerpo corrupto y vil como el de la Xkeban, no podía emanar sino podredumbre y pestilencia, más que si tal cosa era como todos los vecinos, decían, debía ser cosa de los malos espíritus, del dios del mal que así continuaba provocando a los hombres.

Agregó la Utz-Colel que si de mujer tan mala y perversa escapaba en tal caso ese perfume, cuando ella muriera el perfume que escaparía de su cuerpo sería mucho más aromático y exquisito.

Más por compasión, por lástima y por su deber social, un grupo de gentes del poblado fue a enterrar a la Xkeban y cuéntase que el día siguiente, su tumba estaba cubierta de flores aromáticas y hermosas, tan tapizado estaba el túmulo que parecía como si una cascada de olorosas florecillas hasta entonces desconocidas en el Mayab, hubiera caído del cielo. La tumba de la Xkeban duró todo el tiempo florecida y olorosa.

Poco después murió la Utz-Colel y a su entierro acudió todo el pueblo que siempre había ponderado sus virtudes, su honestidad, su recogimiento y cantando y gritando que habia muerto virgen y pura, la enterraron con muchos lloros y mucha pena.

Entonces recordaron lo que había dicho en vida acerca de que al morir, su cadáver debería exhalar un perfume mucho mejor que el de la Xkeban, pero para asombro de todas las gentes que la creían buena y recta, comprobaron que a poco de enterrada comenzó a escapar de la tierra floja, todavía, un hedor insoportable, el olor nausabundo a cadáver putrefacto. Toda la gente se retiró asombrada.

En su idioma maya dicen los viejos que aún cuentan la historia con todos los detalles que debió ocurrir en la leyenda, que hoy la florecilla que naciera en la tumba de la pecadora Xkeban, es la actual flor Xtabentún que es una florecilla tan humilde y bella, que se da en forma silvestre en las cercas y caminos, entre las hojas buidas y tersas del agave. El jugo de esa florecilla embriaga muy agradablemente, como debió ser el amor embriagador y dulce de la Xkeban.

Tzacam, que es el nombre del cactus erizado de espinas y de mal olor por ambas cosas, intocable, es la flor que nació sobre la tumba de la Utz-Colel, es la florecilla si bien hermosa sin aroma alguna y a veces de olor desagradable, como era el carácter y la falsa virtud de la Utz-Colel.

Esto es lo que ha dicho el maya y lo sigue repitiendo a través del tiempo, sin cambiarlo, sin ponerle ni quitarle, como deben conservarse las cosas nuestras, intactas, con las mismas palabras con que nacieron en el mito, en la leyenda, en el alma de quienes tan dulcemente han tejido estas historias.

No es pues la Xtabay, la mujer mal que destruye a los hombres después de atraerlos con engaños al pie de las frondosas ceibas, pero puede ser otro de esos malos espíritus que rondan por la selva al acecho del peregrino que cruza los caminos aún poblados de superstición y de leyenda.

Puede ser el ama errante de una de tantas vírgenes sacrificadas a la orilla del cenote sagrado, puede ser la vaporosa figura de una mujer que llora el engaño del amado.

Pero la Xtabay, jamás.


Esto dicen las mayas, esto han contado y seguirán contando los hombres de esa tierra en donde conservan el ritual de un relato y defienden sus costumbres de una intromisión que aniquilo su cultura.

jueves, 7 de mayo de 2015

Mitos del África Negra

En los últimos tiempos han surgido numerosas reflexiones, estudios e informaciones, sobre el Africa negra. Parece como si existiera un acuerdo tácito para poner de moda a la negritud. Tal vez se trate, por otro lado, de hacer justicia, puesto que hasta épocas muy recientes apenas se había hablado de Africa, ya fuera por la dejadez de muchos investigadores, o porque apenas se sabía gran cosa de su historia y su cultura.

Sin embargo, en la actualidad, muchos historiadores y etnólogos nos hablan de Africa con verdadera pasión. Explican que para la mejor comprensión del mundo negro se hace necesario conocer sus aspectos geográficos y físicos, puesto que ambos inciden sustancialmente sobre lo histórico, y lo determinan.

Y así, interpretan el mundo africano de forma minuciosa y desde una perspectiva nueva hasta entonces -aunque acaso sus estudios y reflexiones puedan conducirles a una especie de determinismo geográfico-, e inédita, puesto que se concede prioridad al estudio, por ejemplo, de datos climáticos, orográficos e hidrográficos sobre consideraciones de tipo histórico. Todo lo cual conduce a la consideración del continente negro como un espacio cerrado, en el que sus pobladores rechazarían cualquier amago de influencia ajena a ellos; con lo que se hallarían abocados a cierta clase de impenetrable ostracismo étnico. No obstante, los distintos pueblos, y tribus, que se encontraban desperdigados por el territorio africano, ciertamente que tenían limitado su espacio por una especie de muro de arena que señalaba, de forma expeditiva, la frontera norte del Africa negra: se trataba del hoy célebre desierto del Sáhara.

Fronteras de arena

Pero, esto, no siempre fue así, puesto que esa franja desértica denominada “desierto del Sáhara”, antaño era un verdadero vergel, pleno de abundante vegetación, con árboles y prados, y feraces llanuras y colinas. Mas ello sucedió hace ya seis mil años, cuando ya en otras zonas de Africa los primeros homínidos habían dejado grabados -en las paredes rocosas de las cuevas que usaban para guarecerse- signos mínimos cargados de simbolismo emblemático; y pinturas esquemáticas, cuyo valor como documento social, político, ritual y estético es incalculable.

Esa especie de jardín natural, que fue el actual desierto del Sáhara, quedó agostado por una gran sequía que tuvo su origen cuatro milenios antes de nuestra era. La gran desecación perduró por espacio de casi dos mil años, y las consecuencias directas de sus efectos están ahí, en esa enorme franja desierta que se extiende de occidente a oriente en la zona norte del continente africano y que, según algunos historiadores, constituye el límite que la propia naturaleza ha impuesto al mundo negro.

Ya en tiempos de las glaciaciones, a finales del período terciario -hace aproximadamente seiscientos mil años-, el territorio africano había sido lugar de residencia de los primeros homínidos. En algunas partes de su zona sur se han hallado, junto a útiles de piedras sin labrar y cantos rodados o eolitos, restos humanos de gran antigüedad. También se han conseguido datos y pruebas que han permitido, a los especialistas e investigadores, afirmar que aquellos primeros homínidos conocían el fuego. Esas zonas africanas están consideradas, en la actualidad, como centros de importantes hallazgos prehistóricos.

Una nueva tierra

Los pobladores de las zonas desérticas se extendieron, y emigraron, hacia el norte, el sur y el este. En su afán por buscar una nueva tierra en la que echar raíces, por así decirlo, se toparon con otras tribus que, desde épocas remotas, habitaban en las zonas tropicales del continente africano.

Ante la ausencia de pruebas fidedignas para catalogar con exactitud los distintos pueblos que se hallaban diseminados por tierras africanas, se han adelantado hipótesis que afirman que existieron tribus primitivas “paleo-negríticas” que practicaban la caza y conocían técnicas rudimentarias para trabajar la tierra; especialmente se esforzaban en lograr que le terreno pobre y yermo de zonas extremas y montañosas llegara a ser fértil y feraz. Para ello, contaban con el conocimiento del cultivo intensivo, mediante el que conseguían, además del total abastecimiento de todo tipo de productos hortícolas, algo más importante, a saber, la cohesión social necesaria para hacer posible el auge poblacional y, por ende, el asentamiento definitivo en una determinada zona; de este modo llegarían a la formación de núcleos o grupos sociales con una densidad de casi cincuenta habitantes por kilómetro cuadrado.

Pueblos y culturas

Algunos de estos grupos poblacionales ocuparon la región norte del territorio africano, lugar cercano a la ribera oriental del Nilo; tal es el caso de la tribu de los dogones, que se caracterizaba porque entre sus miembros y el propio entorno geográfico se estableció un vínculo tribal difícil de romper.

También, el grupo de los basari es otro de los denominados “pueblos desnudos” de Africa, los cuales se hallaban desperdigados por diferentes zonas. Su antigüedad se remonta a cerca de seis mil años y terminaron asentándose en Guinea. En la Costa de Marfil se establecieron los “lobis”. Los “sombas” ocuparon la región de Togo. Y las tierras de Nigeria se vieron pobladas por tribus de “angus” y “fabis”. Todos los grupos enumerados fueron conformando las grandes zonas étnicas de Africa.

Mas también en los territorios desérticos y en las zonas ecuatoriales se fueron asentando poblaciones de raigambre étnico como los “mandinga” y los “bambara”. También los “yoruba”, en unión de los “hausa” y los “ibos”, se irían asentando por la zona de Nigeria hasta constituirse en la masa de población más rica de todo el continente africano.

Según todos los investigadores, las distintas tribus señaladas mantenían entre sí una clara diferenciación social, y otro tanto sucedía en el terreno político o religioso. La autonomía estaba garantizada, lo mismo que las costumbres milenarias de cada tribu y su idiosincrasia propia. La variedad de creencias, de historia, de leyendas y de mitos, que confluyen en las poblaciones reseñadas, hace que el continente africano se muestre atractivo e interesante en grado sumo. Si a todo ello se añade que fue en Nubia -territorio situado en el fértil, y maravilloso, valle del Nilo- en donde tuvo su origen una de las primeras civilizaciones del continente africano, que recibió precisamente el nombre de civilización de los nubios -en la actualidad casi toda la zona es territorio sudanés-, la cual provenía probablemente de Asia, puesto que el color de su piel era muy similar al de los pobladores de ese continente y, durante un milenio, mantuvo todo su esplendor.

El sur

La región situada más al sur del lugar de asentamiento de los egipcios era denominada por éstos con el nombre de “Kus” ; los nativos de esta zona tenían la pigmentación de su piel más oscura que los del norte, eran de raza negra. Habían establecido la capital de toda la región en una zona muy próxima a un enorme recoveco del río Nilo y, en su subsuelo, se hallaban las más fabulosas reservas de oro de todos los tiempos.

Esta capital recibió el nombre de Napata y tuvo dirigentes que la hicieron crecer en demasía, hasta el punto de que Egipto mismo fue sometido. Los márgenes del Nilo también fueron conquistados por los reyes de Napata. En aquel tiempo -hace casi tres mil años- toda la extensa ribera de ambos lados del Nilo estaba formada por valles y pastizales siempre fértiles; actualmente hay grandes zonas yermas y terrenos eriales.

La riqueza de la población de la zona del Kus -los “kusitas”- se vio incrementada por el descubrimiento, en el subsuelo más próximo a la ciudad de Napata, de gran cantidad de mineral de hierro. A todo ello habrá que añadir, además, las productivas transacciones de marfil que los pueblos limítrofes les suministraban.

Pero, este gran imperio “kusita” se hallaba sometido a la rapiña y al hurto de numerosas tribus nómadas. Ya desde el siglo III, antes de nuestra era, los ladrones esquilmaban las caravanas “kusitas” que transportaban oro y marfil por las rutas comerciales abiertas al efecto.

El resultado final es que el emperador del poderoso reino de “Axum”, situado más al sur, en las cercanías de la meseta de Etiopía, someterá a todas las poblaciones del “Kus” y se apropiará de sus ricas minas de hierro y oro.

Artesanos y herreros

Todo lo antedicho ha servido para que algunos investigadores expresen, con contundencia, sus tesis favorables a la más que probable influencia de las grandes civilizaciones norte africanas sobre las culturas desarrolladas en el mundo negro, y sobre su estructura social. Algunos hallazgos relevantes vienen a avalar la tesis expuesta. Por ejemplo, se han encontrado perlas de cristal egipcio en áreas del territorio de Gabón, y también pequeñas representaciones y efigies del dios Osiris en zonas situadas al sur del río Zumbeze y en los territorios del oriente del Congo. Tal vez no suponga todo ello una prueba concluyente de la incidencia de la civilización egipcia en el mundo negro pero, sin embargo, sí que se abren expectativas por mor de las cuales puede afirmarse que en el campo artístico y técnico existió cierta relación; el caso más claro es la utilización, por ambos pueblos, de la técnica de la fundición con cera. No obstante, ya desde el año 3000 (a. C.), las tribus de la zona del Níger, por ejemplo, conocían la metalurgia del hierro y, desde épocas muy remotas, ya habían formado una especie de gremios, o sociedades, de herreros, que se constituían en castas y trabajaban el estaño y la metalurgia del hierro.

Zonas de refugio

Dos grupos étnicos, firmes exponentes de la negritud, se hace necesario destacar: los bantú y los negros sudaneses.

A pesar de ciertas diferencias, más bien debidas a determinados avatares históricos que a la voluntad de los protagonistas, ambas etnias mantienen su unidad cultural y lingüística. La raza bantú es originaria de los grandes lagos africanos y no se ha visto mezclada con otros grupos, tales como los beréberes islamizados, moros, o cualesquiera otros pueblos de raigambre islámico-semita.

Los bantúes se regían por monarcas que pretendían, en todos los casos, lograr la paz para su pueblo. Se les denominaba “kakabas” y la relación con el resto de la población, o con otros territorios circundantes, no se hacía directamente, sino que utilizaban tambores para comunicarse. También, según las proporciones del sonido, o las variaciones del ritmo de los tambores, se podía deducir el poder de los reyes bantúes. Los tambores -algunos tenían hasta dos metros de radio- se depositaban en el interior de lugares sagrados y templos. Quienes los custodiaban y se encargaban de hacerlos sonar formaban una casta privilegiada y eran muy considerados por las tribus y reinos de los grandes lagos. Actualmente, los bantúes se hallan asentados en la isla de Madagascar y, en opinión de etnólogos y geógrafos, deben considerarse “fuera del continente negro”. Se considera a los pigmeos como descendientes de los primeros pobladores del continente africano. Permanecen en las “zonas de refugio, constituidas por extensas tierras selváticas, donde el agua de lluvia se mantiene en el mismo lugar sobre el que ha caído para, así, formar una inmensa selva virgen, una selva-esponja, saturada de agua, con los macizos espesos de árboles gigantes, con el monte embrollado, oscuro y silencioso, resistente a cualquier roturación, hostil al establecimiento humano e, incluso,a la circulación, salvo la que se hace por los ríos; región de vida precaria, aislada, basada en la pesca y en la caza”.

Fuerzas poderosas

Recientes excavaciones han dejado al descubierto figuras de terracota -como las halladas en la zona de Nok (Nigeria)- cuya antigüedad se remonta a casi dos mil quinientos años. Algunas de estas estatuas están realizadas de tal modo que la cabeza es mucho mayor que el cuerpo; semejante desproporción era una característica de los artistas africanos y con ello querían dar a entender que no sólo representaban seres humanos sino que también su arte pretendía llamar la atención sobre cierta clase de significación simbólica, alejada de todo naturalismo.

En este sentido, el hallazgo de las denominadas “figuras de Jano” -llamadas así porque recuerdan a la deidad romana Jano, que aparecía representada con dos cabezas contrapuestas, puesto que personificaba la vigilancia y la custodia-, llevado a cabo en el valle de Taruga, es un claro ejemplo pleno de connotaciones míticas y emblemáticas. Además, algunas de las estatuas encontradas en la aldea de Nok representan, y simbolizan, a las fuerzas sobrenaturales y poderosas que aparecían relacionadas con la producción de alimentos y la satisfacción de las primeras necesidades.

Otros hallazgos, en los que aparecían hasta media docena de cabezas, de terracota, se han relacionado con la existencia de santuarios, templos o lugares de culto y rito, en los bosques considerados, por lo mismo, como sagrados.

Se afirma, además, que “la técnica de la fundición guarda cierta relación mítica y ritual con las figuras de terracota de los hornos del valle de Taruga”.

Otro tanto acaece con el arte estatuario de Benin, que alcanzó su plenitud entre los siglos XI y XV de nuestra era. “En tal sentido las figuras de animales, como el leopardo, simbolizan el poder de sus reyes que, a veces, portaban máscaras realizadas en marfil, las cuales llevaban incrustadas, a su vez, pequeñas figurillas de los colonizadores europeos con el objeto de apropiarse de su saber y su inteligencia y, de este modo, no ser dominados por ellos”.

Sagrada naturaleza

Los pueblos africanos tenían hacia los fenómenos naturales, hacia el Sol, la Luna,las estrellas, hacia las montañas, los ríos, mares y árboles, cierto respeto sacro. Todo estaba personificado y vivo -asimismo-; y, por doquier, surgían ídolos, fetiches, talismanes, brujos, hechiceros y magos.

El primitivismo de las leyendas de los pueblos de Africa meridional entronca con una especie de animismo, que les hace adorar a los árboles porque pensaban que, en un tiempo muy lejano, fueron sus antepasados. Lo mismo sucedía con los animales; con el añadido, además, de que se les asociaba con cierta clase de esoterismo que conducía a la creencia de que los muertos se aparecían a los vivos, precisamente, en forma de animales. El culto a los muertos se hallaba muy extendido, y se consideraba obligatorio hacerles ofrendas. De este modo, la muerte que siempre era tabú -es decir, algo que no debía ni mencionarse ni mentarse pues, de lo contrario, podrían sobrevenir terribles castigos a los infractores de tales preceptos-, adquiría una importancia capital entre los componentes de una determinada tribu y su modo de comportarse. Cuando alguien moría, todos los demás abandonaban el lugar de marras, para que la desgracia no les alcanzara como al finado. Son muy frecuentes, por lo demás, las leyendas sobre la muerte, y existen varios mitos, acerca del origen de tan tremendo mal, en algunas tribus africanas de la zona que estamos describiendo.

En el valle del río Níger, el fetichismo se halla muy extendido y, de entre sus pobladores, surgen muchos magos y hechiceros que son los encargados de dirigir el culto al ídolo y de ofrecerle los distintos sacrificios; también tienen el don de predecir el futuro y de pronunciar oráculos.

Mito de la creacion

Muchos pueblos africanos cuentan, también, con numerosas leyendas para explicar el origen de la especie y, al propio tiempo, han elaborado curiosos mitos sobre la creación del primer hombre y de la primera mujer. La narración de los hechos aparece repleta de inventiva y fantasía:

Hubo un tiempo en que el ser superior Mulukú -en las poblaciones centroafricanas, a la deidad suprema se la conocía con el nombre de Woka- se propuso hacer brotar, de la tierra misma, a la primera pareja de la que todos descendemos. Mulukú, que dominaba el oficio de la siembra o, por mejor decir, era el sembrador por excelencia, hizo dos agujeros en el suelo. De uno surgió una mujer, del otro surgió un hombre. Ambos gozaban de la simpatía y el cariño de su hacedor y, por lo mismo, decidió enseñarles todo lo relativo a la tierra y su cultivo. Les proveyó, además, de herramientas para cavar y mullir el suelo y para cortar, o podar, árboles secos, y para clavar estacas. Puso en sus manos semillas de mijo para sembrar en la tierra y, en fin, les mostró la manera de vivir por sí mismos, sin dependencia alguna de cualesquiera otras criaturas.

Sin embargo, cuenta la leyenda que la primera pareja de nuestra especie desatendió todos los consejos que la deidad les había dado y que, por lo mismo, abandonaron las tierras, las cuales terminaron convirtiéndose en eriales y campos yermos. Y, así, la primera pareja consumó su desobediencia, con lo que su hacedor los trastocó en monos. El mito -o, por mejor decir, la fábula-, relata que Mulukú montó en cólera y arrancó la cola de los monos para ponérsela a la especie humana. Al propio tiempo ordenó a los monos que fueran humanos y a los humanos que fueran monos; depositó en éstos su confianza, mientras que se la retiraba a los humanos. Y dijo a los monos: “Sed humanos”. Y a los humanos: “Sed monos”.

La cuna del “Australopithecus”

La figura de un padre protector y poderoso también aparece entre los pueblos africanos. Y, respecto a su cosmología, numerosas leyendas jalonan la propia idiosincrasia de las diferentes tribus. Todos los pobladores del Africa negra han creído que la tierra no tenía edad, y que existía desde siempre. Y, según opinión de muchos historiadores insuficientemente documentados, es decir, que basaban más sus asertos y conclusiones en fatuas declaraciones de eruditos pensadores, que en una labor de investigación y estudio personales, se ha llegado a decir que los africanos forman parte de los denominados “pueblos sin historia”. Lo cual quiere decir que no han contribuido al desarrollo de la humanidad, ni mucho ni poco; y que entre los negros africanos ha sido desigual su evolución y, desde luego, ninguno ha creado una cultura autóctona que lo caracterice. Sin embargo, descubrimientos arqueológicos de gran importancia -entre otros el del primer homínido, conocido con el nombre de “australopithecus”, pues sus restos fueron hallados, hace poco más de medio siglo, concretamente en el año 1924, en la zona austral del continente africano-, así como el profundo estudio de las innumerables muestras de arte rupestre, que se encuentran en toda Africa, han llevado a reconsiderar los erróneos criterios que hasta hace muy poco se tenían del continente negro.

Nuestra propia historia

Hoy, por mor de las excavaciones, y estudios, que se llevan a cabo en toda Africa -muy especialmente en zonas que hasta el presente, no se sabe a causa de qué criterios, habían sido relegadas-, se han detectado pruebas suficientes para concluir que fue en este territorio en donde comenzó el proceso de hominización. En cualquier caso, los hallazgos de los especialistas e investigadores nos llevan a concluir que Africa fue uno de los más importantes focos de cultura pre homínida. Los eslabones de la cadena que nos une a nuestros más ancestrales antepasados, se encuentran en el continente negro. Otro factor a tener en cuenta, a la hora de enjuiciar el escaso avance de los estudios llevados a cabo en el continente negro, es aquel que se refiere a las condiciones adversas de su suelo; la acidez del suelo africano desgasta con prontitud todo vestigio, especialmente los restos fósiles. Sin embargo, hoy se sabe que fueron los primeros homínidos del continente africano quienes, debido a sus peculiaridades físicas y somáticas -por ejemplo su piel sin vello, su producción de melanina que les dará la adecuada pigmentación, su abundancia de glándulas sudoríparas, su cabello rizado, etc.-, iniciaron el denominado proceso de adaptación al medio, con el que comenzará, sin ninguna duda, la hominización propiamente dicha. La importancia de este proceso es capital pues, en un principio, el homínido se caracteriza por su actitud práctica, ya que primordialmente pretende construir toda una serie de artilugios que le llevan a dominar las técnicas de la pesca, la caza, la agricultura y la ganadería. Como para ello debe contar con herramientas diversas, se transformar en “homo faber” y “homo habilis”, de aquí a constituirse en nuestro seguro antepasado, el “homo sapiens”, apenas media una mínima distancia.

Costumbres ancestrales

El largo camino de la hominización no fue, sin embargo, tan lineal como pudiera parecer a primera vista. Muchos horrores, que el acceso de las civilizaciones iría corrigiendo, jalonaron el tiempo y el espacio históricos. Algunas de las tribus que pueblan los territorios del occidente africano conservaron, hasta épocas muy recientes, costumbres que muy poco tienen que ver con el programa social y político de otros grupos humanos.

A este respecto, el gran investigador Frazer, en su cualificada obra La Rama Dorada, se hace eco de las siguientes palabras que un misionero dejó escritas -cuando ya el siglo XIX tocaba a su fin- después de convivir con algunas tribus del Africa negra: “Entre las costumbres del país, una de las más curiosas es incuestionablemente la de juzgar y castigar al rey.Si él ha merecido el odio de su pueblo por excederse en sus derechos, uno de sus consejeros, sobre el que recae la obligación más pesada, requiere al príncipe para que se vaya a dormir, lo que significa sencillamente envenenarse y morir”.

Al parecer, en el último momento, algunos monarcas no estaban dispuestos a quitarse la vida de un modo tan expeditivo, lo cual era interpretado por los súbditos más allegados como una falta de valor. Entonces, se recababa la ayuda de un amigo que en el instante supremo se encargaría de darle un último empujón, por así decirlo; lo importante era que el pueblo no llegara a enterarse de la falta de valor de su soberano. En cuanto al sujeto elegido para llevar a cabo tan abominable magnicidio, se loaba su predisposición y se agradecía el servicio prestado a su tribu.

Geniecillos y gigantes

La variedad de leyendas del Africa negra se debe a la diversidad de tribus que la habitan. En muchas poblaciones se tenía en gran estima todo el ancestro de sus antepasados y, aun cuando su territorio fuera invadido por otros pueblos de costumbres e ideas diferentes, nunca dejaron que sus ritos y mitos se perdieran. Tal es el caso de algunas tribus de pescadores y campesinos que moraban en las riberas del Níger, que vieron anegada su propia idiosincrasia por otros pueblos, especialmente musulmanes. Sin embargo, las creencias y la fuerza de sus mitos no perdieron apenas prestancia. Siguieron adorando a los espíritus y genios que moraban en la naturaleza, y a los que se hacía necesario aplacar, y mantener contentos, para que las cosechas no se agotaran y para que la pesca fuera abundante.

El aire, la tierra y el río, estaban plagados de espíritus -lo cual implica el concepto animista que de la naturaleza tenían los negros africanos-, a quienes se acudía, y se invocaba, cuando se necesitaba una ayuda superior. Había también ciertas leyendas en las que aparecía el polífago gigante Maka que, para satisfacer su voraz apetito, necesitaba devorar animales tan enormes como los hipopótamos; y cuando se disponía a saciar su sed, algunos de los lagos cercanos se veían seriamente mermados.

Ciudades bajo el agua

También había una hermosa mujer que aparecía plena de juventud y lozanía. Se llamaba Haraké, y su poder de atracción era tal que no se sabía si era diosa o si pertenecía a la especie de los humanos mortales. La leyenda más extendida afirmaba que Haraké tenía los cabellos tan transparentes como las propias aguas que le servían de morada. Al atardecer, la hermosa muchacha tenía por costumbre descansar al borde mismo del Níger, y esperar así hasta que llegara su amante. En cuanto éste se reunía con ella, ambos se adentraban en las profundidades de aquellas aguas encantadas y profundas; la muchacha llevaba al elegido en su corazón a través de maravillosos caminos que conducían a fastuosas y desconocidas ciudades. En sus espléndidos recintos, y entre el sonido del tantán y de los tambores, tendría lugar la ostentosa ceremonia que uniría a la feliz pareja para toda la vida.

Todas las narraciones de la fábula expuesta hacen hincapié en que fue Haraké quien condujo a su amante, y no viceversa. Con ello se quiere dar a entender que la mujer era muy respetada entre ciertas tribus del Africa negra. Sus privilegios provenían de su consideración como madre y esposa.

Aunque, al mismo tiempo, aparecen representaciones femeninas en actitud sumisa pero, si uno se fija en su rostro, observará cierta clase de serenidad que, al decir de investigadores y antropólogos, indicaba la importancia concedida a esa especie de mundo anímico, o vida interior, con que debía arroparse la mujer negra, so pena de poner en entredicho su condición femenina.

Mito de las dos luminarias

De entre las numerosas leyendas del continente africano sobresale la de los negros de Senegal, puesto que acaso sean los únicos que tienen una cosmología digna de tal nombre.

Sus fábulas muestran que las dos luminarias, es decir, tanto el Sol como la Luna, estaban ya consideradas como superiores a los demás astros. El mito cosmogónico pretende establecer las diferencias de ambos cuerpos astrales, y se propone explicar -de una manera muy simple, aunque cargada de connotaciones míticas y emblemáticas- las grandes diferencias entre la Luna y el Sol. El brillo,el calor y la luz que se desprenden del astro-rey impiden que seamos capaces de mirarlo fijamente. En cambio, a la Luna podemos contemplarla con insistencia sin que nuestros ojos sufran daño alguno. Ello es así porque, en cierta ocasión, estaban bañándose desnudas las madres de ambas luminarias. Mientras el Sol mantuvo una actitud cargada de pudor, y no dirigió su mirada ni un instante hacia la desnudez de su progenitura, la Luna, en cambio, no tuvo reparos en observar la desnudez de su antecesora. Después de salir del baño, le fue dicho al Sol: “Hijo mío, siempre me has respetado y deseo que la única, y poderosa deidad, te bendiga por ello. Tus ojos se apartaron de mí mientras me bañaba desnuda y, por ello, quiero que desde ahora, ningún ser vivo pueda mirarte a ti sin que su vista quede dañada”.


Y a la Luna le fue dicho: “Hija mía, tú no me has respetado mientras me bañaba. Me has mirado fijamente, como si fuera un objeto brillante y, por ello, yo quiero que, a partir de ahora, todos los seres vivos puedan mirarte a ti sin que su vista que dañada ni se cansen sus ojos”.

La Furia Del Dios De La Tormenta

El dios del Sol preparó una gran fiesta a la que invitó a todos los dioses. No faltaba de nada en esta ceremonia, comida, bebida, música, danza… pero los invitados comían y bebían, pero no satisfacían ni su hambre ni su sed. Apareció entonces un anciano, quien explicó el extraño suceso y les comunicó que todo se debía a la furia de su hijo, el dios de la Tormenta, quien había desaparecido llevándose consigo todo lo bueno.

Todos los dioses decidieron buscarle para invitarle y así recuperar los placeres, pero no le encontraron. Desesperado, el padre del dios de la Tormenta recurrió a la gran diosa Kamrushepa. Esta le comunicó que su hijo se había enojado y por eso estaba todo seco. Le ordenó traer una abeja a la que dio instrucciones para que retomara la búsqueda.

La abeja encontró al dios buscado dormido en un bosque y lo despertó con la picadura de su aguijón. El dios enloqueció de ira y éste se vengó con una fuerte lluvia torrencial, acompañada de rayos y centellas contra los humanos. El resto de dioses, estupefactos, imploraron a la diosa Kamrushepa, que era la única capaz de apaciguar al dios.


El Nacimiento Del Primer Shaman

Adja era un joven persa que enfermó en extrañas circunstancias. Su cuerpo perdió toda fuerza y fue dado por muerto. Pero, realmente lo que le sucedió es que cayó en un sueño tan profundo como desconocido. Los pájaros negros lo tomaron y lo elevaron al cielo, mundo superior regido por las aves.

Allí fue criado y educado por ellos. Cuando adquirió el grado de conocimiento deseado por dichos pájaros, lo redujeron al tamaño de un embrión y lo depositaron en el vientre de una mujer. Así, volvió a nacer en el seno de una nueva familia sin tener recuerdos de su pasado. Según crecía, iba descubriendo que tenía poderes curativos y su ingenio crecía, según crecía su cuerpo. Se dedicó a curar a los enfermos, a crear ungüentos, a recuperar las almas perdidas y, en fin, a utilizar todos los recursos que la naturaleza ponía a su alcance con la ayuda de los pájaros.

En su larga vida pudo enseñar sus conocimientos a varios pupilos, y éstos, a otros tantos, desarrollándose así la tradición shamánica oriental. Sólo unos pocos elegidos pudieron demostrar sus dotes y desarrollar todos los conocimientos e ingenios necesarios para convertirse en un auténtico shamán. La propia naturaleza se encargó de comunicarse con las personas elegidas para ser el enlace entre ella y los hombres, para que la humanidad nunca olvide que ella está ahí y que si nos portamos bien con ella revertirá en beneficio propio.


Así, los shamanes son médicos, guías espirituales y suelen estar dotados con el don de la poesía. Basan su energía en el poder de la naturaleza y en su conocimiento. Son respetados y adorados como dioses, siendo un referente vital para sus pueblos.

martes, 5 de mayo de 2015

Santa Vehme

Durante siglos esta espeluznante sociedad secreta impartió justicia con toda impunidad. Sus juicios, amparados por las secretas sombras de las noche, implicaban casi siempre la muerte de los acusados, muchas veces inocentes. Los grados de corrupción y el secretismo de la Santa Vehme acompañaron durante centurias a los aterrorizados habitantes de la Alemania medieval.

Nosotros, los secretos vengadores del Eterno, los jueces implacables de los crímenes, y los guardianes de la inocencia, lo citamos de aquí a tres días ante el tribunal de Dios. ¡Apareced!, ¡Apareced!”. Descubrir estas palabras erizaba los vellos de los destinatarios, desencadenaba los sudores del miedo, provocaba los más terribles temblores. No era para menos: recibir esas palabras era prácticamente sinónimo de muerte, de una muerte atroz. Era la carta de presentación ante el acusado de la Santa Vehme, un acusado que casi ­siempre iba a ser culpable, aunque no hubiese cometido delito alguno.

El modus operandi era siempre el mismo. La notificación, la advertencia, había de hacerse en la más absoluta de las tinieblas. El miedo habita en la oscuridad. Y la sociedad secreta que nos ocupa, la Santa Vehme, trabajaba con la opacidad como aliada. No podía ser de otro modo en una realidad tan tenebrosa como ella. Un miembro de la misma, sigilosamente, se acercaba a la casa del acusado. Era preciso que fuese de noche. Sin un solo testigo. Una vez en la puerta del hogar, clavaba en ella un sobre cerrado con un sello de cera roja en el que se reproducía la figura de un caballero con armadura. Un puñal ritual incrustado en la madera de la cancela servía para sujetar la nota. No es difícil imaginar el terror que invadiría a quien recibiese dicha nota. Ese puñal y la imagen del sello identificaban al remitente. Y era casi inviable escapar de él. Abrir el sobre implicaba, a buen seguro, un corazón dislocado. La nota seguía un modelo. Primero, se presentaban los delitos que se imputaban, todas las faltas que, en caso de ser confirmadas en un juicio que sería poco justo, a buen seguro que acabarían con su muerte, después, la frase que escribíamos a comienzos del artículo. Tres días tenía para poner en orden todos sus asuntos, a la espera de la llegada del terrible juicio… O para intentar huir, cosa harto improbable habida cuenta de que los tentáculos de la sociedad alcanzaban todo el país… Y después, en un juicio que hoy podría calificarse como sumarísimo, a esperar la sentencia, que muy probablemente no estaría bien relacionada con su supervivencia… Por eso, durante siglos, la Santa Vehme se convirtió en el tribunal secreto más temible de lo que es hoy Alemania. Pero, ¿cómo, cuándo y por qué dieron comienzo sus extravagantes y crueles desmanes?

Orígenes inciertos

No existe acuerdo acerca del origen del terrible tribunal. Algunos estudiosos apuestan por unos comienzos que bien parecen legendarios y que tienen al no menos mítico Carlomagno como principal impulsor. El ejército del reconocido como emperador de Occidente a finales del siglo VIII entabló una dura guerra contra los sajones a los que consiguió vencer e intentó cristianizar. Sin embargo, un pequeño clan de rebeldes renegó de su autoridad, suscitándole no pocos contratiempos. Este grupúsculo estaba liderado por un personaje terco, líder de las conocidas como guerras sajonas, de nombre Vidukindo y al que el monarca no sabía muy bien cómo doblegar. Según reza este relato, Carlomagno, por medio de uno de sus más fieles seguidores, decidió pedir consejo al papa León III. Acudió el emisario a Su Santidad y le describió la situación que preocupaba a su jefe. León III ­escuchó sin hacer aspavientos, callado, meditabundo. En un momento determinado, se levantó y comenzó a caminar por su jardín. El representante de Carlomagno lo siguió. El Papa se dedicó a cortar las malas hierbas que crecían en su terreno, y una vez amontonadas, las colgó para que quedaran secas. No dijo palabra en todo el encuentro. El embajador regresó y detalló la reunión a su soberano. Es fácil imaginar cuál fue la interpretación de Carlomagno del comportamiento papal: había que acabar con las malas hierbas, había que exterminar a todo aquel que se rebelara contra su poder. Con este fin, en torno al año 770, Carlomagno crea los tribunales secretos de Westfalia, lo que para algunos suponía el arranque de la Santa Vehme.


Carlomagno otorgaría a dichos tribunales, que comenzarían a funcionar al modo de las sociedades secretas, toda una serie de prebendas que le permitirían actuar libremente, sin cortapisas. Es lo que se dio en llamar “poder sobre la vida y la muerte”. Y lo que empezó siendo un modo de luchar contra los elementos más indómitos de los sajones, no tardó en convertirse en una forma de castigar, primero, a quien no cumpliese las normas carolingias; al poco, a todo el que se mostrase desafecto, desobediente o simplemente mantuviese mala relación con algunos de los miembros de la organización. Lo que empezó siendo una forma alegal de acabar con los adversarios de Carlomagno, trocó en ejecuciones promovidas por el capricho de alguno de los miembros de la Orden.

Misteriosa llum (Misteriosa luz)

El Milagro de la luz es una leyenda de la tradición manresana que explica cómo una misteriosa luz proveniente de Montserrat atravesó las vidrieras de la antigua iglesia del Carmen el 21 de febrero de 1345, provocando que se pusiera fin a la excomunión que pesaba sobre la ciudad llevada a cabo por el obispo de Vic a causa del paso de La Sèquia (acequia) de Manresa por tierras del obispado. La acequia canalizó el agua del Llobregat desde Balsareny hasta Manresa y, con su construcción, se acabó la escasez de agua que padecía el pueblo.

En 1339 los consejeros de la ciudad decidieron que tenía que hacerse una acequia que trajera el agua a la ciudad para poder asegurar su recogida, a fin de que ésta no dependiese de la lluvia. Sobrepasando las posibilidades de la ciudad pidieron ayuda al rey obteniéndola el 23 de agosto de 1339, cuando Pedro III concedía el permiso de realización de la acequia junto con una rebaja de impuestos para favorecer su construcción.

Así, en 1339 se decidió su trazado y empezaron los trabajos de nivelación. La obra fue encargada al barcelonés Guillem Catà y a los hermanos Simó y Pere de Rodener.

Los primeros pleitos procedieron del obispo de Vic y de los habitantes de Sampedor que se negaron a pagar impuestos para su construcción.

Seguramente a últimos del año 1340, el obispo de Vic, Galzeran Sacosta, como señor de la jurisdicción de Sallent, se opuso a que la acequia pasara por su municipio que podía provocar, además, una bajada del caudal del Llobregat a su paso por Sallent.

Tras un año de negociaciones y discusiones, llegó la excomunión del obispo a los obreros y consejeros de Manresa, suspendiendo la práctica de todos los sacramentos y de toda la liturgia en el territorio de la ciudad.

Pese a todo, los obreros de la acequia continuaron trabajando en la construcción del canal. Se sabe que, en el año 1344, se estaba trabajando en la construcción del puente del Vilar en el término de Sallent.

El conflicto con el obispo duró hasta el año 1345, y se solucionó cuando, una vez muerto el obispo Galzeran Sacosta, su sucesor, Miguel de Ricomar, mantuvo una actitud más dialogante aceptando las compensaciones que le ofrecía la ciudad.

La tradición

Según la tradición, el final del conflicto fue debido, sin embargo, al milagro de la Misteriosa Luz: una luz resplandeciente llegó, proveniente de la montaña de Montserrat, hasta la iglesia del Carmen, entrando por una ventana de la fachada principal, al mismo tiempo que las campanas empezaban a tocar solas. Un vez dentro se situó debajo de la llave de la bóveda del ábside central dividiéndose en tres rayos de luz que se repartieron entre el ábside, la capilla de la Santísima Trinidad y la de San Salvador. Después se volvieron a reunir los tres haces en uno solo que salió de la iglesia en dirección, otra vez, hacia Montserrat.

La explicación de este hecho fue la siguiente: ante el conflicto entre la ciudad de Manresa y el obispo de Vic, Dios se ponía al lado de la ciudad de Manresa. Por eso, una vez que el obispo supo la existencia de este milagro, se arrepintió de su actitud y quiso rectificarla, pero no le dio tiempo porque, como ya se ha dicho, murió el 5 de abril de 1345, antes de que pudiera levantar la prohibición. Por esta razón, también, el nuevo obispo Miguel de Ricomar, que tomó posesión del obispado el 12 de mayo de ese mismo año, se apresuró a levantar la excomunión y solucionar el conflicto.

Por último, el desenlace del conflicto se produjo con la redacción, aprobación y firma de los capítulos y condiciones de la concordia entre el obispo y la ciudad, firma que tuvo lugar el día 19 de noviembre de 1345 en Vic.

En 2001 el Orfeón Manresano produjo un musical, con música de Manel Camp y dirección de Teti Canal.

La Leyenda Negra Del Cortijo Jurado

No se sabe a ciencia cierta la fecha de construcción del Cortijo pues no existieron planos oficiales hasta muchas décadas después de su construcción, pero vamos a suponer que fue levantado a mediados del siglo XIX, aunque personalmente creo que debió de construirse durante la segunda y tercera década. 

El enorme edificio es de un claro estilo gótico-anglosajón, de doble planta y de unas dimensiones bastante desproporcionadas incluso para las familias adineradas de la época. Se dice que tenía la friolera de 365 ventanas, algo que parece ser cierto aunque viendo las fotos, no me salen las cuentas. Adosado al edificio está la capilla y, según la rumorología local, sus entrañas están horadadas por profundos sótanos y siniestros túneles y pasadizos. El cortijo y lo que antaño fueron sus terrenos, están situados en las afueras de la ciudad de Málaga, en el barrio de Campanillas.

La leyenda del cortijo maldito

Según se cuenta, en este lugar acontecieron una serie de hechos oscuros en la época en la que en el cortijo vivían los primeros Heredia, en los macabros acontecimientos también estarían involucrados los Larios, residentes en el cercano cortijo Colmenares, que en nuestros días es un club de golf. Ambas familias mantenían una estrecha amistad, pues ambas llegaron a Málaga desde la rioja. (El apunte del origen es verídico, aunque el de la amistad es un punto dudoso que trataré más adelante). En fin, según cuenta la leyenda, en una fecha indeterminada, todavía en el XIX, comenzaron a ocurrir en Málaga una serie de extrañas desapariciones de niñas que, sistemáticamente fueron asesinadas tras ser objeto de las más diversas vejaciones y de rituales de índole satánico. La familia Heredia no tardó en ser el punto de mira de las acusaciones de estos asesinatos, pues se les suponía perteneciente a la masonería y presuntamente, habrían importado estas prácticas satánicas de sus amistades en Francia y en Inglaterra. Algunos de los cuerpos de estas niñas aparecieron en la rivera de un río que corría cercano a la finca y que los mismos integrantes de la familia, habrían llevado hasta allí por los túneles secretos que comunicaban el cortijo con el río. En los sótanos, habría máquinas de tortura que eran usadas en dichos rituales.

Otro túnel secreto comunicaría el cortijo Jurado con el de Colmenares, por donde los invitados a estas lúgubres celebraciones podrían pasar sin ser vistos.

Esta, más o menos, es la leyenda original, pero como las leyendas suelen estar vivas y evolucionan con el paso de los años, la del cortijo Jurado no es una excepción. Durante la mayor parte del siglo XX, el cortijo y su leyenda queda bastante olvidado por todos, hasta que ya en la década de los noventa vuelve a tomar fuerza adornada con todo un despliegue de datos de índole parapsicológico. Curiosamente, los fenómenos comienzan a ocurrir cuando el cortijo entra en el ruinoso estado de abandono que se puede observar en las fotos, confiriéndole un aspecto ciertamente tétrico. En las publicaciones especializadas y más tarde, en la red, comienzan a circular fotografías de supuestos espíritus en sus ventanas, orbes y figuras que toman forma en los vapores de las noches frías, más tarde, las sesiones de ouija de supuestos adolescentes atrevidos, confirman e incluso dan nombre y apellidos de las pobres criaturas que allí fueron asesinadas, señalando en algunos casos el lugar exacto del patio donde están enterradas. Parapsicólogos de reputación graban psicofonías, algunas de ellas estremecedoras y algunos médiums salen sin respiración del cortijo tras sentir en sus entrañas la terrible presión de los hechos que allí acontecieron.

Cuando se llega a este punto, una marea de historias se desatan confundiendo ya la realidad y el tema tratado con seriedad con la broma fácil de las mentes aburridas que se dedican a inventar y a adjudicar historias y apariciones ficticias a la historia del cortijo y que todavía, muchas de ellas, son tratadas como verídicas por muchos. Cadáveres emparedados, personajes fantasmales que aparecen intermitentemente en el cortijo, extrañas luces, ruidos y golpes de origen desconocido, etc…

La historia de los Heredia y los Larios

Ciertamente, como comenté más arriba, las dos familias eran oriundas de la Rioja, los Larios de Laguna de Cameros y los Heredia de Rabanera de Cameros, ambos pueblos de la misma comarca, aunque esto no sea sinónimo de obligada amistad.

En el caso de los Larios, D. Pablo Larios, padre de Martin Larios (I Marqués de Larios), se establecería en Málaga tras quedar viudo en los comienzos del siglo XIX, donde comenzaría sus florecientes negocios con exportaciones a través de Gibraltar y mucho más tarde con las bodegas y otras sociedades financieras. Martin, que se supone protagonista de esta historia junto a Manuel Agustín Heredia, no se establecería en Málaga hasta 1831, contando con 30 años, tras la muerte de su hermano Manuel Domingo. Hasta entonces vivía en Cádiz o Gibraltar, controlando allí in situ los negocios familiares. En este punto, tras conseguir el Marquesado y tras los enormes beneficios comerciales que le aportó la guerra contra Napoleón, los Larios se convierten en una de las familias más notables de la ciudad.

Familias Larios Y Heredia

Manuel Agustín Heredia, llega a Velez Málaga con quince años, en 1801 (Año en el que nació Martín Larios) y ya huérfano, en busca del progreso y del futuro que no puede conseguir en su provincia natal. Con empeño y tesón consigue empleo en una tienda de ultramarinos que no funcionaba demasiado bien y que a base de mucho trabajo consigue enderezar en no demasiado tiempo. Pasados unos años, y con Málaga tomada por los franceses, Heredia se introduce en el floreciente mundo del contrabando a través de Gibraltar. Sus idas y venidas de Málaga a Gibraltar son continuas y es más que posible que en esta época conociese e hiciera gran amistad con Martín Larios, que se encontraba también en Gibraltar y que posiblemente también tuviese bastante que ver con el comercio sumergido.

La cuestión es que Heredia no tarda en tomar una buena posición y comienza a formar parte de sociedades industriales, consiguiendo concesiones de explotaciones mineras en diversos lugares. Su carrera industrial sube como la espuma y en poco tiempo posee explotaciones agrícolas y mineras en tierras sudamericanas y una enorme flota naval con la que promover todo su comercio.

Su entrada en la burguesía Malagueña es cuando se casa con Isabel Livermore, familia de noble casta de dicha ciudad. Con lo cual, ya tenemos la conexión deseada. Heredia y Larios, en la misma ciudad, adinerados y con negocios y orígenes comunes. Es bastante lógico que incluso decidieran establecerse cerca el uno del otro.

La similitud en la arquitectura de ambos cortijos da que pensar que fueron diseñados por un mismo arquitecto, llegando a la conclusión de que la decisión de construir los cortijos en las afueras de Málaga fue conjunta, pese a que en el enclave del Colmenares, ya se tenía constancia de edificación desde 1747, apareciendo en el catastro del Marqués de la Ensenada. Posiblemente se remodelaría el edificio original.

Hechos y conclusiones

Es difícil llegar a conclusiones acertadas cuando se tratan temas que acontecieron hace un siglo, pues se puede imaginar que el boca a boca tras tantos años puede llegar a deformar la realidad hasta darle un giro de 180º. Pero intentaré ir por partes, en primer lugar, es cierto que en Málaga ocurrieron una serie de asesinatos. Entre los años 1890 y 1920, cinco mujeres de edades comprendidas entre los 18 y los 21 años, fueron encontradas asesinadas en la orilla del río cercano a la casa, aparte de esto, no existen casos de desapariciones sistemáticas en los archivos policiales de la época. Los cuerpos mencionados aparecían tras varios días de desaparición, aunque no hay constancia de que tuviesen algún tipo de signo de rituales satánicos o abusos sexuales. En este punto hay que indicar que tanto Heredia como Martín Larios ya habían muerto en estas fechas. Con lo cual, de ser alguna de las acusaciones ciertas, ya pasarían a sus descendientes.

El siguiente punto es el de los supuestos túneles. Esta leyenda se basa en el testimonio de un vecino de la zona llamado Manuel Martín, que según cuenta, siendo él un mozo en el año 1932, se coló en el Cortijo cuando no estaban sus moradores, como signo de valentía ante sus amigos. En la valiente incursión topó con un extraño pozo en el patio trasero que le condujo a una especie de caverna subterránea de la que partían túneles en varias direcciones. Según su testimonio, recorrió un túnel de más de dos kilómetros hasta que llegó a una puerta cerrada a cal y canto, (supuesto cortijo de los Larios), en la vuelta se introdujo en otros pasadizos en los que encontró todo tipo de máquinas y aparatos de tortura, nichos y huesos desperdigado; una escena realmente aterradora.

También según su testimonio, nadie le creyó cuando contó lo que había visto en las entrañas del cortijo aunque su testimonio sin duda, ha sido la base de ésta leyenda. Décadas después y siguiendo sus indicaciones, con pico y pala se ha intentado buscar la entrada a ese túnel sin encontrar absolutamente nada. Se cuenta que durante las obras de remodelación del cortijo Colmenares, un camión cayó en el interior de un socavón en el mismo patio. Antes de que el dueño del Cortijo mandase rellenar dicho socavón, algunos de los trabajadores pudieron ver que aquello era un sótano artificial del que salía un túnel en dirección al cortijo. Este reporte me resulta un tanto raro, pues los que vieron dicho socavón siempre son el hermano del primo de un amigo, y no existe ningún testimonio directo.

Caballerizas

El paisaje ha cambiado mucho en los alrededores del Cortijo en los últimos tiempos, una autovía, canalizaciones, construcciones… en ninguna de ellas se ha topado nadie con el supuesto túnel. Se cuenta que durante las obras de remodelación Siendo un poco lógicos, sería una tremenda estupidez construir este tipo de túneles que no tienen ningún sentido. En primer término, cometer asesinatos y dejar los cuerpos a las puertas de tu casa no se puede decir que sea demasiado inteligente y mucho menos, trasladarlos hasta allí por un túnel secreto para que no te vea nadie hacerlo… vamos, que no tiene la cosa ni pies ni cabeza.

Por otro lado, los dos Cortijos se podrían catalogar como residencias esporádicas de los Larios y de los Heredia, pues la enorme cantidad de negocios que tenían ambas familias hacían que los hombres tan apenas pasaran en ellas breves periodos de tiempo, y menores todavía eran las coincidencias de ambos. En los cortijos, los niños y sus mujeres vivían de un modo plácido y sin complicaciones, más allá de los asuntos locales y de la administración de la propia hacienda. Creo que el ambiente de estas familias estaba bastante alejado de los oscuros temas de misas negras y ritos satánicos. Es muy posible que fuesen masones, pues era casi que una obligación para según qué estratos sociales en aquellos años, pero de ahí a que fuesen seguidores de Satán va todo un mundo.

Cierto que alguna muerte aconteció en el edificio, es lógico tras casi un siglo de ocupación, pero nada más allá de lo normal y natural.

Toda la leyenda creada en torno a este edificio se basa en el testimonio más que dudoso de un joven que se coló en su interior para mostrar su valentía ante sus amigos. No hay ningún dato que implique a ninguna de las dos familias en los asesinatos que acontecieron durante el cambio de siglo en Málaga y tampoco existen datos de las innumerables desapariciones y asesinatos que se les atribuyen. No existe constancia verídica de la existencia de los túneles mencionados, pese a que han sido buscados con insistencia en los últimos tiempos y pese a que en los alrededores de la finca se han removido las tierras para la construcción de carreteras y otros edificios. Cierto es que se han grabado numerosas psicofonías en este lugar, pero tampoco demuestra gran cosa y en ningún caso, las sesiones de ouija o las psicofonías son prueba demostrativa que implique que algunos de los Heredia fueran terribles asesinos. Las fotografías que se pueden encontrar en la red, de supuestas figuras y luces, no tienen la claridad suficiente para poder tomarlas por válidas. La sugestión es grande cuando se investiga este tipo de lugares y las pareidolias juegan malas pasadas. Los extraños ruidos y luces que observan los vecinos de la zona no son difíciles de explicar, pues el cortijo, antes de estar la entrada prohibida y vigilada, era un centro de peregrinación de los jóvenes malagueños en busca de aventura y de muchísimos grupos de investigación paranormal.

Esta ha sido mi opinión personal sobre la leyenda de éste cortijo, basándome en todos los datos que he podido recopilar al respecto. Tengo fe en el mundo paranormal y no soy un escéptico cabreado con los investigadores, pero todo lo que rodea a los mitos del cortijo Jurado son datos demasiado volátiles y de poca fiabilidad, lo que me hace pensar que nada oscuro ocurrió allí.

El Cortijo fue vendido en las primeras décadas del siglo XX por los Heredia a los Larios. Más tarde estos lo revenderían a terceros. A finales de los 80 el cortijo fue comprado por los Jurado, de donde tomó el nombre. En el año 2000, el cortijo es vendido a una empresa hotelera que tiene la intención de remodelarlo completamente y construir allí un complejo turístico, desde entonces, el proyecto está congelado y el cortijo está totalmente abandonado.

domingo, 3 de mayo de 2015

El Fantasma De La Casa De Las Siete Chimeneas

Invierno en Madrid, el retumbar de truenos lejanos y el sonido del viento azotando los vidrios de los ventanales terminan por deshacer mi placentero sueño y me desvelan. Mi despertador digital marca la 03:31. Perezosamente me levanto de la cama y tras beberme un vaso de agua me siento junto a la ventana del salón para fumarme un cigarro, con la esperanza de poder volver a conciliar el sueño.

La noche fuera está de lo más desapacible, en la plaza del rey, las ramas de los árboles flamean al viento violentamente devolviendo crujidos lastimeros. Algunas bolsas y cartones huidos de los contenedores de basura, se arremolinan al final de la calle y parecen cobrar vida en sus acrobáticos vuelos, imitando los juegos infantiles y al amparo de la intimidad que se les presenta en una noche como ésta, con las calles desiertas y a salvo de miradas juzgadoras.

En el cielo, una masa de nubes rojizas avanza hacia el este a toda velocidad, presagiando la tormenta inminente que no tardará mucho en descargar sobre la ciudad. De vez en cuando, un rayo lejano tiñe las nubes de gris eléctrico y a los pocos segundos, los cristales vibran con su correspondiente trueno. Arrimo más mi sofá a la ventana… siempre me gustaron las tormentas y esta noche parece que el sueño me ha abandonado por completo. En una de las pausas entre trueno y trueno, mientras prendo mi segundo cigarrillo, me parece escuchar el tañir de unas campanas a lo lejos, quizás sean las de la iglesia de los Calatravas, en la calle de Alcalá, pero me parece muy extraño… esos tañidos no son los que marcan la hora… son monótonos… repetitivos, parece que las campanas tocan a muerto. Pero no es posible, a estas horas de la madrugada iglesia de Madrid está abierta y muchísimo menos suenan las campanas, más allá de los mecanismos automáticos de los relojes.

Son las 03:54, de repente, unos enormes goterones impactan contra las ventanas como pequeños kamikazes, produciendo ruidos sordos que rebotan por el salón, perdiéndose en ecos suaves por el pasillo del fondo. Un enorme relámpago serpenteante se dibuja ante mis ojos a unas pocas cuadras de mi casa y prácticamente al instante, al tiempo que suena un estruendoso trueno, se va la luz en la calle y todo queda sumido en la oscuridad. Las campanas siguen sonando entrecortadamente en la letanía…

Me levanto y me pego mi cara contra los fríos y empañados vidrios para comprobar que todo el barrio está completamente a oscuras. La amarillenta luz de otras zonas alejadas de la ciudad que no han sufrido el apagón rebota en los nubarrones inundando la plaza y la calle Infantas con tenues tintes rosáceos. La lluvia comienza a ser más perceptible y mientras alzo mi mirada al cielo, sobre el edificio que tengo en frente, sede del ministerio de cultura… la veo.

Siento como mi cuerpo queda paralizado ante la visión que estoy contemplando en éste momento. Una mujer, alta, con el pelo largo y negro que ondea flácido en las azarosas ráfagas de viento, camina segura entre las chimeneas del tejado del edificio. Ataviada con un camisón blanco que cubre su cuerpo hasta los tobillos, se dirige cabizbaja y decidida por el alero del palacete hacia la zona que da al Alcázar. En una mano porta una especie de antorcha, en la que una débil llama lucha a muerte contra la lluvia.

Cuando llega al extremo del tejado, cae de rodillas y alzando su rostro al cielo, comienza golpear con fuerza su pecho. Otro relámpago estalla a escasa distancia y su fantasmal perfil se dibuja perfectamente mientras que el sonido del trueno se funde con un alarido que hace que todos los pelos de mi cuerpo se tensen como alambres de acero.

Tras el fogonazo del relámpago y cuando mis retinas vuelven a enfocar en la oscuridad, la extraña mujer ya no está. Parece que se ha evaporado ante mis ojos…

Dando lentos pasos inconscientes hacia atrás me derrumbo sudoroso en el sillón. Todavía no me puedo creer lo que acaban de ver mis ojos; toda la vida escuchando la vieja leyenda de la casa de las siete chimeneas y yo siempre tomándomelo a broma y hoy, la mismísima Elena Zapata ha paseado por su tejado para mí.

Y ésta amigos es la leyenda de éste famoso palacete Madrileño, La popularmente conocida como “Casa de las siete chimeneas”. Edificio mítico y misterioso como pocos en Madrid y que desde su construcción, allá a finales del siglo XVI, siempre ha estado rodeado de hechos un tanto oscuros. Conspiraciones, amores prohibidos, muertes en extrañas circunstancias e incluso un motín tan famoso como el de Esquilache han sucedido en su interior.

Se cuenta que la bella Elena fue una de tantas amantes del controvertido Felipe II y que éste, como solía hacer cuando alguna de sus amantes se ponía en exceso pesada, arregló su boda con militar del noble linaje de los Zapata. El nuevo matrimonio estrenó el palacete, que por otro lado fue la única construcción civil que realizó Felipe II, aunque también se comenta que fue construido por el padre de Elena, que era montero del rey, y que éste se lo regaló a su hija tras la boda. En fin, la cuestión es que poco les duró el matrimonio, pues el capitán Zapata partió a la guerra de Flandes pocos meses después de contraer matrimonio con Elena y allí falleció en las primeras contiendas.

En este punto Elena queda sola en el enorme caserón, las malas lenguas y los chismorreos de la corte contaban que por las noches, un Felipe II embozado para pasar desapercibido, acudía puntual a la cita con su amante. Estos rumores se extendieron como la pólvora cuando una mañana Elena apareció muerta en su alcoba.

Hay que tener en cuenta que en la época de los sucesos, Ana de Austria se encuentra en la corte para convertirse en la cuarta esposa de Felipe II. ¿Sabía Ana de la existencia de Elena y decidió eliminar el problema cortando por lo sano? ¿Presionó Elena al rey para ser algo más que una simple amante y fue él quien acabó con ella? La respuesta a estas preguntas siempre será un misterio. Para más inri, el cadáver de Elena desapareció en extrañas circunstancias y a los pocos días, el padre de ésta apareció colgado de una viga (aunque este hecho es un poco dudoso según las fuentes consultadas).

En este punto fue cuando comenzó la leyenda tras los rumores de que en noches oscuras se veía el fantasma de la doncella en el tejado de la casa, aunque en aquel entonces todavía no era conocida por sus chimeneas. Esta remodelación fue ordenada por Baltasar Cattaneo unos años después tras comprar el inmueble, algunos atribuyen un significado simbólico a sus siete chimeneas, y dicen que simbolizan los siete pecados capitales.

Aunque la historia de esta casa no acaba aquí, ni mucho menos. Años después, todavía con Felipe II como monarca, otra joven muere en su misma noche de bodas con un viejo hacendado Indio. Parece ser que la joven esposa también tenía ciertos encuentros con el pendenciero rey. La joven apareció en los sótanos del palacete con un puñal clavado en el pecho y las arras, regalo del rey, esparcidas a su alrededor. No son pocos los que aseguran que esta doncella también vaga todavía hoy en día por los sótanos de la casa.

Una última muerte se produjo en la casa durante el motín de Esquilache, ministro de Hacienda de Carlos III en el año 1766. El pueblo, enfurecido por las medidas represoras del marqués, acudió en turbamulta hasta la casa con la sana intención de lincharlo. Por suerte para él, no se encontraba en la casa y el populacho la tomó con uno de sus mayordomos que ofreció cierta resistencia, muriendo el pobre a garrotazos.



Durante casi cuatrocientos cincuenta años, la casa ha pasado por muchas manos, siempre de familias nobles. Embajadores, terratenientes, mercaderes… a finales del siglo XIX, la casa fue reformada para convertirse en sede del Banco de Castilla y durante éstas reformas el cadáver de una mujer, junto con una bolsa con monedas de la época de Felipe II, fue descubierto entre los muros de los sótanos, volviendo a poner de moda las viejas leyendas de éste mítico y legendario edificio de la capital española y, para que la cosa no se olvide en nuestros días, en el año 1960, otras reformas volvieron a desenterrar los restos de otro esqueleto emparedado, ésta vez masculino y hasta día de hoy, anónimo. En la actualidad el edificio se usa como sede del ministerio de cultura, está en perfecto estado de conservación y todo indica que, por lo menos, la leyenda seguirá viva durante muchísimos años más.