Atención Por Favor.

Ante todo nos dirigimos y agradecemos a todos por la ayuda que nos dan con este blog ya sean seguidores, oyentes del programa de radio y por sobre todo a todos aquellos propietarios de webs, blogs, libros y todos los lugares donde han obtenidos la información y nos han acercado a nuestro mail para que podamos publicarlas en este humilde blog, para que todas las semanas desde hace ya 7 años podamos compartir en dos emisiones las tantas historias, enigmas y misterios del universo que se van pasando de generación en generación y así reflejar esas viejas leyendas, historias, enigmas y misterios que de niños oímos mas de una vez y que nos asustaban en algunos casos como también en otras nos enseñaban a valorar y respetar esas narraciones.

Desde ya les agradezco a todos y pido disculpas si no se agrega la fuente por que muchos correos no la poseen y para no cometer errores no se agrega pero en este pequeño equipo estamos muy agradecidos para con todos. Muchísimas Gracias a todos en general por su valiosa información y por su cordial atención.

Equipo Infinito.

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lunes, 16 de julio de 2012

El Misterio del Valle del Indo


Todo el mundo admira la civilización egipcia, sus pirámides, sus tumbas y faraones. Pero ¿Quién conoce la próspera cultura que floreció en el valle del Indo?
Alrededor del año 2350 a.C. apareció en el valle del Indo una cultura urbana mucho más desarrollada que la mayoría de sus contemporáneas.
Construyeron y habitaron grandes ciudades, acuñaron moneda, tenían una escritura propia, comercio, alcantarillas, sistemas de riego canalizados… avances que en otras partes del mundo eran completamente desconocidos porque todavía se vivía casi en la edad de piedra.

Entre todas las ciudades que construyeron destacan dos por su tamaño y sus restos arqueológicos: Harappa y Mohenjo Daro.
Estas dos importantes capitales están separadas por unos 600 kilómetros pero son muy parecidas, tienen planta ortogonal, un urbanismo claramente planificado, murallas, canales…su arquitectura y decoración son similares.
La cultura del valle del Indo es una cultura original, sin “parentesco” con otras civilizaciones vecinas. Hacia el año 2350 a.C, mantenía contacto con Mesopotamia (se han encontrado allí sellos de Harappa de la época del rey Sargón)
Mohenjo Daro se encuentra, o mejor dicho sus ruinas, en el territorio del actual Pakistán. Su nombre significa “Montículo de la muerte”.


A pesar de que los primeros arqueólogos consideraron las ruinas de Mohenjo Daro como “monótonas y aburridas” (Stuart Piggot), sin grandes monumentos y demasiado “cuadriculadas” la realidad es queel urbanismo de Mohenjo-Daro impresiona, parece que fue construida siguiendo un plano pretrazado en un perfecto modelo de cuadrícula comparable al de algunas ciudades modernas como Nueva York. Las casas, de adobe y ladrillo, no tenían ventanas y la mayoría contaban con un patio. La ciudad tenía detalles “modernos” como el de un alcantarillado muy avanzado que sigue sorprendiendo en la actualidad.
Se ha estimado que pudo haber tenido hasta 40.000 habitantes en su periodo de mayor ocupación. Abarcaba más de un kilómetro cuadrado, tenía murallas defensivas y estaba dividida en dos zonas, una administrativo/religiosa y otra, la ciudad baja, residencial, con barrios artesanos, mercados, graneros y almacenes.

Hyakki Yako, Leyenda Sobre El Origen de un Cuadro


Hacía tiempo que Tosa Mitsunobu deseaba retratar el Hyakki Yakō, la fantasmal procesión de los cien espíritus, cuando oyó hablar de un monje peregrino que se había encontrado con esta espectral comitiva mientras pernoctaba en las ruinas del viejo templo llamado Shozenji, antiguamente situado en las afuera de Fushimi, cerca de Kioto.

De este templo se decía que estaba deshabitado desde el trágico día en el que una banda de ladrones mató a todos sus habitantes. Aunque otros monjes intentaron sustituirlos, desistieron al poco tiempo, debido a los fantasmas que, según decían, lo habitaban. Pero esto había sucedido muchos años atrás.

El peregrino, que procedía de una ciudad lejana, no estaba al tanto de la siniestra leyenda del lugar. Como ya se había hecho de noche y una tormenta amenazaba con desatar su furia sobre él, decidió refugiarse en el templo abandonado. Buscó una habitación pequeña y en buen estado, en la cual, tras cenar un cuenco de arroz, se echó a dormir.

A las dos de la noche, lo despertó una gran algarabía de ruidos. Al acercarse al edificio principal, descubrió que en su interior se habían reunido decenas de espectros y duendes, de las formas más diversas, que reían, jugaban y danzaban. Se trataba del Hyakki Yakō, y el peregrino, aunque asustado, no pudo evitar quedarse un rato observándolos, hasta que aparecieron otros espíritus de aspecto más grotesco y horrible, momento en el cual echó a correr de vuelta a su habitación, en donde se encerró hasta que los sonidos extraños cesaron y se hizo de día.

Esta era más o menos la historia que el peregrino, aún temblando, le relató aquella misma mañana a un comerciante de Fuchimi, y que este a su vez le contó al afamado pintor Tosa Mitsunobu unas semanas después, mientras este se hallaba de paso en la ciudad.

Esperando encontrar inspiración para su ansiado cuadro, Mitsunobu cogió sus cuadernos y sus pinturas y se dirigió hacia el templo Shozenji, dispuesto a pasar la noche en él.

Cuando llegó, el sol acababa de ponerse. Entró en la sala principal y montó guardia durante horas, sin percibir ningún ruido o visión que se saliera de lo normal, hasta que a eso de la medianoche su atención se vio atraída por una extraña luminiscencia que parecía provenir de las paredes. Comprobó con sorpresa que allí aparecían dibujados duendes y espectros; era el Hyakki Yakō, reflexionó el pintor, que se manifestaba para él brillando tenebrosamente en las paredes.


A la luz de la luna, Mitsunobu se apresuró a copiar en su cuaderno las más de doscientas figuras, cada una diferente y más grotesca que la anterior. En ello empleó toda la noche, terminando justo cuando la primera luz de la mañana irrumpió en la sala y los espectrales dibujos desaparecieron.

Antes de partir, examinó por última vez las paredes. Estaban recubiertas de grietas y musgos de diferentes colores, que daban lugar a formas caprichosas, las cuales de pronto le resultaron muy familiares. Tosa Mitsunobu emitió una sonora carcajada al comprender que aquellos eran los fantasmas que había visto durante la noche. Apenas grietas y desconchones en la pared convertidos en terribles espectros gracias al azar y a su excitada imaginación, sugestionada por la historia del peregrino, quien probablemente fuese víctima de una ilusión similar a la que él acababa de sufrir.

Pero, después de todo, ¿qué importancia tenía eso?… ¿Acaso no había logrado al fin pintar el Hyakki Yakō?.

Este es el origen, según la leyenda, de la pintura “La procesión de los 100 fantasmas”, realizada por Tosa Mitsunobu a principios del siglo XV, la cual sirvió como modelo a muchos ilustradores posteriores.

El Enigma de Gisors La Leyenda de los Templarios



El Enigma de Gisors es una leyenda referida a la Orden de los Templarios. Todo comenzó en la ciudad de Gisors, cerca de París, cuando se efectuaron unas excavaciones clandestinas, y en concreto, en el año 1946 un jardinero de nombre Roge Lhomoy aseguró haber descubierto un deposito de cofres y sarcófagos bajo un torreón del Castillo donde trabajaba: El Castillo de Gisors.

Enseguida surgió el rumor de que podía tratarse de un tesoro de los Templarios que habían estado muy presentes en la región. El jardinero Lhomoy habia escuchado a menudo decir que en el subsuelo del castillo había un un gran tesoro. El castillo era un ejemplo de arquitectura feudal, solido de grandes muros. El jardinero en sus indagaciones por el castillo había encontrado un pozo sellado en la entrada de uno de los torreones. A escondidas el jardinero excavaba ayudado de lo que encontraba. Logró abrir una galería de unos veinte metros de profundidad.

Mientras excavaba tropezó con una pared amurallada. Tras apartar algunas piedras se dio cuenta estaba ante una sala de grandes dimensiones. No llevaba iluminación adecuada pero puedo percibir se hallaba en una especie de cripta de unos 300 metros cuadrados y unos cuatro y medio de altura. Era como una especie de capilla con un altar y un tabernáculo , estatuas de Cristo y los apóstoles.

Pero lo que llamó sobremanera su atención fueron unos sarcófagos pétreos de unos dos metros de largo y en número de diecinueve, que se alineaban a lo largo de los muros de la cripta. Asimismo, treinta enormes cofres de metal coronaban el descubrimiento del jardinero.
Avisadas las autoridades y extendida la noticia, una multitud se dio cita en el lugar de los hallazgos, pero las decepciones no tardaron en llegar. Nadie se atrevía a bajar por aquella intrincada madriguera excavada por Lhomoy, que constantemente amenazaba con desmoronarse, hasta que el comandante de los bomberos de la localidad, Émile Beyne, se ofreció voluntario.

Pero tras avanzar inicialmente por la intrincada galería, Beyne desistió a falta de cuatro metros para el final. Expuso que era demasiado arriesgado y que la falta de aire le impedía proseguir, tras negar haber podido llegar a la capilla descrita por Robert Lhomoy.
Éste, respaldado por la opinión pública, pidió continuar las excavaciones y ensanchar la galería, pero inexplicablemente el permiso le fue denegado por el Ayuntamiento. De igual manera, y para sorpresa de todos, se tomó la medida de ordenar que las galerías fueran recubiertas de hormigón y nuevamente selladas.
Apesar de este golpe, Lomhoy continuó en sus trece. Solicitó con éxito una autorización del Ministerio de Cultura francés para proseguir las excavaciones, pero la respuesta del Ayuntamiento fue tajante: lo tacharon de loco y amenazaron con hacerlo encerrar si no desistía de su empeño en excavar.

El Enigma de Gisors es una de las leyendas del Temple, aparte de su relación con el priorato de Sión y la tala del olmo, Gisors, ciudad del departamento de Eure situada a 70 kms de París tiene su propia leyenda en lo referente a tesoros y misterios ocultos.

Excavaciones clandestinas. En 1946, un jardinero llamado Roger Lhomoy aseguró haber descubierto un depósito de cofres y sarcófagos bajo un torreón del castillo donde trabajaba, tras haber realizado unas excavaciones en las cercanías. Nacido en la región, Lhomoy había escuchado decir a menudo que el subsuelo del castillo encerraba un tesoro fabuloso. Algunos no vacilaban en pretender que este tesoro era el de los Templarios, muy presentes en la región.

Robert Lhomoy en las galerías.

El castillo, ejemplo magnífico de arquitectura feudal, había efectivamente pertenecido unos breves años a la Orden del Temple durante el siglo XII, lo que les facultaría para conocer los subterráneos existentes debajo del mismo. Al parecer, el jardinero había localizado dos años antes un pozo sellado en la entrada de uno de los torreones. De forma clandestina, por la noche, excavaba ayudado por el material rudimentario al que tenía acceso hasta que logró abrir una galería de unos veinte metros de profundidad. Aseguró que una noche tropezó con un muro, y que, tras apartar algunas piedras, se dio cuenta de que se hallaba delante de la pared de una sala de grandes dimensiones. Intentó alumbrar la sala pero su precario equipo no le permitía ver demasiado, así que se introdujo por la ranura. Había hallado una cripta de unos trescientos metros cuadrados y cuatro y medio de altura. Parecía corresponderse con una antigua capilla donde podía verse el altar con su tabernáculo y, apoyadas en las paredes, estatuas de Cristo y los apóstoles. Pero lo que llamó sobremanera su atención fueron unos sarcófagos pétreos de unos dos metros de largo y en número de diecinueve, que se alineaban a lo largo de los muros de la cripta.
Asimismo, treinta enormes cofres de metal coronaban el descubrimiento del jardinero.

Avisadas las autoridades y extendida la noticia, una multitud se dio cita en el lugar de los hallazgos, pero las decepciones no tardaron en llegar. Nadie se atrevía a bajar por aquella intrincada madriguera excavada por Lhomoy, que constantemente amenazaba con desmoronarse, hasta que el comandante de los bomberos de la localidad, Émile Beyne, se ofreció voluntario.

El triangulo del misterio, el castillo de Gisors, Stenay y Rennes-Le-Château

ero tras avanzar inicialmente por la intrincada galería, Beyne desistió a falta de cuatro metros para el final. Expuso que era demasiado arriesgado y que la falta de aire le impedía proseguir, tras negar haber podido llegar a la capilla descrita por Robert Lhomoy. Éste, respaldado por la opinión pública, pidió continuar las excavaciones y ensanchar la galería, pero inexplicablemente el permiso le fue denegado por el Ayuntamiento. De igual manera, y para sorpresa de todos, se tomó la medida de ordenar que las galerías fueran recubiertas de hormigón y nuevamente selladas. Apesar de este golpe, Lomhoy continuó en sus trece. Solicitó con éxito una autorización del Ministerio de Cultura francés para proseguir las excavaciones, pero la respuesta del Ayuntamiento fue tajante: lo tacharon de loco y amenazaron con hacerlo encerrar si no desistía de su empeño en excavar. El hecho era enormemente extraño al carecer, a priori, de un motivo justificado. Pero el jardinero no era un hombre fácil de convencer, y tras dejar pasar seis años, con una nueva autorización del Ministerio de Cultura se puso nuevamente manos a la obra. Esta vez el Ayuntamiento tuvo que claudicar.
Ya no se trataba únicamente de Lhomoy, sino que este se había traído a dos socios con él. Lo único que pudo hacer el Consejo municipal fue poner objeciones a los trabajos, estratagema que dio resultado. Se les impuso el pago de una cuantiosa garantía además de asegurarse la propiedad de buena parte de los posibles hallazgos.

El acuerdo era inviable, y Lhomoy y sus socios se vieron abocados a abandonar el proyecto. Después de ese fracaso, el asunto quedó en el olvido durante cerca de dos décadas. No se produjeron novedades hasta que en 1962, el Ministro de Cultura francés, André Malraux, ordenó proseguir con la investigación. Tras reabrir las galerías, se procedió a llamar a Roger Lhomoy para que comprobase personalmente los trabajos. Éste, llegó a bajar al fondo del pasadizo, pero decepcionado comunicó que aún faltaba el último metro y medio por despejar. Inexplicablemente, estando tan cerca de la supuesta cripta, la reanudación de las obras se postergó otros dos años. Finalmente, en febrero de 1964, cuando se iba a excavar el último tramo, el lugar fue declarado zona militar y la investigación fue parada definitivamente.

Una capilla oculta. Apesar del escepticismo con la que fue acogida la historia de Roger Lhomoy por los arqueólogos e historiadores de la región, las leyendas locales e incluso los registros históricos que hacen referencia a Gisors, dan fe de la existencia de al menos una cripta en el subsuelo de la ciudad. Actualmente han sido desescombrados varios subterráneos que surcan las calles y que parecen unir el castillo de la localidad con la iglesia consagrada a los santos patronos de la villa. La capilla supuestamente hallada por el jardinero es descrita de forma muy semejante en varios textos medievales conservados en los Archivos Nacionales y en textos del siglo XVII. Se la denomina Capilla de Santa Catalina, y la única incógnita que encierran estas informaciones es si se encuentra bajo en castillo, tal y como relató Lhomoy, o bajo la iglesia anteriormente mencionada, como apuntan otros textos. Según se desprende de las narraciones, en esta cripta finalizaban los túneles subterráneos que atravesaban la ciudad comunicando castillo e iglesia.

A la vista de que estos existen, constatada su presencia, no hay motivos para desconfiar de que la Capilla de Santa Catalina sea únicamente invención de la mente fantasiosa de un jardinero aficionado a las excavaciones clandestinas. Incluso el continuo sabotaje de su trabajo por parte de las Autoridades parecen señalar que efectivamente algo esconden los sótanos de Gisors. Algo que no se desea que salga a la luz

jueves, 12 de julio de 2012

Pesadilla Convertida En Realidad


La noche del viernes 26 de mayo de 1979, el mundo se conmovió ante la noticia de que un DC-1O de la American Airlines se había estrellado al despegar del aeropuerto internacional O'Hare, de Chicago. Hubo 273 muertos en el peor desastre de la aviación en Estados Unidos.

Diez noches consecutivas, antes del desastre, un joven de 23 años de Cincinnati (Ohio), había tenido la misma horrible pesadilla; oía y veía, cómo un gran avión de la American Airlines viraba bruscamente, y se estrellaba, sentiendo él el calor de las llamas. "Nunca dudé de que algo iba a ocurrir ", estaba seguro de que era una premonición.

El martes 22 de mayo de 1979 telefoneó a la Federal Aviation Authority en el aeropuerto del Gran Cincinnati. Después llamó a la American Airlines y a un psiquiatra de la Universidad de Cincinnati. La Federal Aviation Authority que tomó la llamada de David Booth trato de comparar los detalles de la pesadilla. "Fue increíble -dijo Jack Barker, funcionario de relaciones públicas de la FAA-. Él nombró a la compañía aérea y al avión... y el hecho de que el avión cayó invertido. Booth había mencionado un "trimotor", parecido a un DC-10, y su descripción del lugar del accidente se asemejaba al aeropuerto de Chicago.

David Booth dejó de tener pesadillas en cuanto ocurrió el desastre, Pero ¿cómo se puede entender una cosa así? -preguntó-. Es totalmente incomprensible. "

Presagio De Guerra


Durante la noche del 27 de junio de 1914, monseñor Joseph de Lany, obispo de los Balcanes, tuvo un sueño terrible. Sobre la mesa de su estudio había una carta de ribete negro y el escudo de armas del archiduque Francisco Fernando (heredero del trono austrohúngaro). Cuando abrió la carta, el obispo vio al archiduque sentado en un automóvil junto a su esposa. De repente dos hombres se encaminaron hacia ellos y dispararon sobre la pareja real.

El resto de la carta decía: "Su eminencia querido doctor Lany: mi esposa y yo hemos sido víctimas de un crimen político en Sarajevo. Nos encomendamos a sus oraciones. Sarajevo, 28 de junio de 1914 a las cuatro de la tarde".

Al día siguiente el obispo recibió la noticia del asesinato. Al cabo de unas semanas, toda Europa estaba en guerra.